I.
A los cuarenta años me dijeron que tenía TDAH y autismo. Cuarenta años. Antes de eso sobrevivía sin que pudiera escapar a las consecuencias de no tener un diagnóstico acertado: depresiones, rabia, culpa. La certeza de estar roto sin saber dónde.
Los libros llegaron para mantener esos pedazos unidos mientras llegaba el diagnóstico redentor.
Un personaje al que llamaban idiota me explicó, sin proponérselo, que se puede ser distinto sin estar equivocado. Eso lo entendí antes de que ningún médico me lo dijera. Lo entendí porque alguien lo había escrito cien años antes de que yo naciera, y ese libro me encontró.
No exagero cuando digo que los libros me salvaron la vida.
II.
Aún hay gente que lee.
Pero hay muchos que quieren leer más, mejor, o comenzar a leer. Uno entra a una librería, o a una tienda online, y lo que ve son murallas de portadas gritando lo mismo. Los más vendidos. Los que suenan. Los que un algoritmo empujó porque otros mil compraron lo mismo.
Nadie te pregunta cómo estás.
El libro correcto en el momento exacto puede ser un recuerdo que atesorarás algún día, en algún oscuro invierno que se ha colado por tu ventana.
III.
Contra eso hice BookFindería.
No recomendamos por género. No recomendamos por lo que se vende. Preguntamos quién eres, cómo lees, qué te engancha, qué necesitas ahora — y de un catálogo elegido a mano, libro por libro, te damos tres. Con el porqué de cada uno.
No es magia. El quiz corre entero en tu navegador: seis preguntas y un catálogo leído libro por libro. Es lo que hace un librero que ama su oficio y te mira a los ojos y te pregunta qué te está pasando, antes de ir al estante por ese libro que te está esperando. Yo lo hice escalable, para los que ya no tienen un librero así cerca.
IV.
Lo que defendemos:
Que la literatura no es una obligación ni decoración. Es una tecnología para entender lo que nos pasa por dentro, y lo que hay más allá que afuera, y llevamos tres mil años perfeccionándola.
Que un lector no es un consumidor. Es alguien, un ser humano vivo buscando algo, aunque no sepa qué.
Que recomendar mal es peor que no recomendar. Un libro equivocado en el momento equivocado puede alejar a alguien de los libros para siempre.
Que la curaduría es un acto de amor y de responsabilidad. Que exige tiempo y experiencia. Cada título de mi catálogo lo elegí yo, no una tendencia. Cada nuevo libro que se suma es fruto de mi crecimiento.
Que quien lee, resiste. Y quien no encuentra qué leer, está a un libro de distancia de descubrirlo.
V.
A mí los libros me sacaron de un lugar del que no todos salen. Y si estoy acá es para contarlo.
Sí, a ti te hablo: hay un libro esperándote. No sé cuál — todavía. Por eso hice esto: para encontrarlo juntos.
Soy BookFindería. Y no voy a parar hasta que leer vuelva a ser lo que fue: la forma más antigua que tenemos de salvarnos de aquel extraño suceso de estar vivos.
— Víctor Delmonte
P.D.
Esto lo sostengo yo solo, sin auspicios ni inversionistas de por medio. Si algún libro de acá te encontró en el momento justo, y quieres que siga teniendo tiempo para buscar el próximo, un aporte —el monto que sea— ayuda de verdad.
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